Estaba el profesor explicándonos la moraleja de una fábula cuando de repente dijo… ¡ahí hay una ardilla!Todos nos pegamos a los cristales de las ventanas, ¡y es que una ardilla no se ve todos los días!
Eran increíbles las acrobacias que hacía, ¡qué espectáculo! Subía y bajaba por el árbol en busca de comida. Después se fue al otro, y luego a de más allá, hasta perderse por los árboles perseguida por nuestras miradas.
Entonces, cuando desparecía y volvía a aparecer ante nuestros ojos, el profesor decidió que se tenía que seguir dando la clase. ¡Qué fastidio!
Pero aún así, algunos de nosotros seguíamos mirando a los árboles desde nuestra silla, por si volvía a aparecer.
Logroño, 15-01-2008
Mario Cordón Martínez de Quel