Hace muchos años, muchísimos años, había en la Tierra un tobogán parlanchín llamado Chin-chin. Vivía en China y durante ese verano tan cálido, se fue a las Olimpiaobjetos.
Empezó a correr, pero era muy alto y torpe, por eso perdió. En natación se hundió por su peso. Practicando el salto de altura se dejó la dentadura. En estas olimpiadas no podía ganar. Chin-chin se entristeció, era malo en todo: en fútbol le metían goles, en baloncesto no encestaba, en tenis no daba a la pelota, etc, tenía que pensar en otra cosa.
Un día, en clase de comportamiento, el profesor de lengua les dijo que se podían apuntar a un concurso de poesía. Chin-chin lo intentó, pensó y pensó, pero... no se le ocurrió nada. Entonces se acordó de las olimpiaobjetos y escribió:
YO FUI A LAS OLIMPIOBJETOS
Yo fui a las olimpiaobjetos,
y me llevé una caja de Mentos
para entretenerme mientras veía
cómo hacía deportes mi tía.
Con cuatrocientos metros lisos empezó,
pero al ser torpe y patosa se cayó.
En natación se esforzó,
pero nada, ella se hundió.
Probó salto de altura,
pero saltó sin finura.
Lanzó la jabalina
dando en la boca a su sobrina.
Participó en esgrima
venciendo a su rival Sima,
le dieron el oro
y sudó por más de un poro.
Su familia estaba feliz
esa noche comieron perdiz.
Chin-chin se presentó al concurso con el sobrenombre de Afrelú. Tres meses después recibió una carta y... ¡Había ganado el primer premio!. Ya no pensaba que era malo en todo, porque escribiendo había sido el mejor de entre un millón de niños. El tobogán Chin-chin se lo enseñó al profesor, que le felicitó, y un aplauso del colegio, se ganó.
Daniel Ruiz de la Cuesta Aguirre. 6º C
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