miércoles, 5 de marzo de 2008

DON SOLFAMIDO

Había una vez un bonito y plácido colegio, donde centenares de niños acudían cada día para aprender. Una de las asignaturas preferidas por los niños era la música, donde todos ellos tocaban o intentaban que sonase la flauta dulce.
Cada día, los pequeños habitantes de la habitación de ensayo (los instrumentos), se dejaban las notas en las paredes del armario y de los cajones donde estaban encerrados, ya que, esos pequeños aprendices de música, los alumnos, hacían temblar con sus soplidos hasta los árboles del patio y se les oía por todas las esquinas del colegio (hacían lo que podían).
Una noche, cansados de oír cómo sonaba la flauta dulce cada mañana, se agruparon en asamblea los instrumentos del colegio, y una vez pasada la lista de asistentes:
- Trombocit (trombón)- Presente
- Flautino traveserino (Flauta Travesera)- Presente
- Guitarro (guitarra)- Presente
- Violití (violín)- Presente
- Contrabajón (contrabajo) – Presente
- Los gemelos Mara y Cuso (maracas)- Presentes
- Saxofonona (saxofón) – Presente.
Fueron presentándose toda la orquesta..
Comenzó a hablar Trombocit, proclamándose representante y máxima autoridad de la orquesta, diciendo:
- ¡esto es inaudito! Llevamos 26 años en este colegio y todavía, no nos han usado, no nos han quitado el polvo y nos tienen encerrados, si no es en caja, en el armario o en cajones, hay que revelarse y salir del armario.
- Saxofonona, muy roja y tímidamente dijo: pero si salimos ¿a dónde y para qué?
-Los gemelos Mara y Cuso, dijeron, y tú ¿dónde crees? ¿Al circo? ¿Al teatro?, Pues aquí, al cole, ¿dónde te crees si no?
Trombocit, con mucha paciencia y sin enfadarse dijo:
-Yo propongo, que todas las noches cuando ya no haya nadie aquí, podemos salir, e intentar tocar alguna pieza de las que dejan los tigres por aquí, y cuando estemos preparados, les daremos una lección de cómo deben de tocarnos.
Y así lo hicieron.
Estuvieron noches y noches, viendo cómo temblaba el suelo, cómo el cole se agrietaba, cómo los cristales hacían “cras” y ellos, en vez de ensayar, tenían que arreglarlo todo, para que nadie notase que algo estaba sucediendo.
El profe de música y los niños empezaron a notar, que algo raro ocurría; un día caía pintura seca; otro, el cristal estaba suelto; otro una grieta en la pared; otro la bombilla fundida; otro más la puerta pegada con chicle... y así continuamente. Llamaron a los albañiles y comentaron que era muy raro, que qué hacían en esa clase. El profesor le contó que era la clase de música y les hizo una demostración con los niños de sexto curso.
- ¡Ahhhhhhh! Parad. Esto es inhumano. No hay quien os escuche. Ahora entiendo lo de los destrozos, sobre todo rotura de cristales y bombillas, pero el resto de las cosas ¿...?
Esta vez habían librado y de momento nadie se había enterado de quién era la culpa, pero eso significaba, que tenían que darse prisa ensayando antes de que se diese cuenta el profesor de lo que pasaba.
Y llegó el gran día.
Le dejaron una nota a Don Solfamido, donde decía.

REPÁRTENOS A TUS ALUMNOS, ESTAMOS EN EL ARMARIO.

A la mañana siguiente, cuando Don Solfamido leyó la nota, asombrado porque no sabía quién la había escrito ni dejado ahí, abrió el armario y repartió los instrumentos a los niños.
Cuando estos cogieron la partitura y se dispusieron a tocar, ¡qué sorpresa!, Los instrumentos sonaban solos; los niños sólo los sujetaban y emocionados comenzaron a aplaudir y a decir: ¡bravo! ¡bravo!.
Entonces Solfamido se dio cuenta de lo que la orquesta quería decir: los instrumentos son para tocarlos, no para tenerlos en el armario guardados.
Desde ese momento, todos los días los niños tocaban, no sólo la flauta dulce, sino todos los instrumentos de los que se compone una orquesta. Al principio sonaba muy mal, pero con práctica, consiguieron hacer la mejor orquesta de toda la ciudad.

Daniel Ruiz de la Cuesta Aguirre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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Carmen dijo...

Me gusta mucho tu cuento, es muy imaginativo además de divertido.
Sigue así Daniel