jueves, 28 de febrero de 2008

MEMORIAS DE UNA MOSCA (II)

*(Continuación del cuento premiado en el Certamen de Viana en febrero del curso pasado, y publicado en este blog)

- ¡Ya está el desayuno! ¡Venga, todos arriba!
- Aaaaaaaaaah -se desperezaban todos, pues ayer se acabó la fiesta muy tarde- Y, ¿qué hay para desayunar? -dijeron a coro.
- Pues os he traído unos churritos con azúcar. El dependiente es muy majo -dije yo, Fly, que por cierto, ¿os acordáis de mi?. Ahora estoy despertando a toda la A.M.S.M.M. (Asociación de moscas simpáticas , moscones y mosquitos).
Hoy nos vamos de excursión al monte de las Chumberas. Precisamente vamos porque es una colina con buenas vistas a “Pinchitos de Abajo”, el pueblo donde vivimos.
- ¡Venga, Danielito, todavía vas por las galletas!
- Es que están muy ricas, además, aún me queda la mitad del cuenco- decía con tono de tener un hambre insaciable.
- ¡Y tú¡ ¡Pero Javierito! Te vas a poner de cruasanes hasta las orejas - intentaba animar a los últimos del desayuno.

Empezamos a subir la colina andando y después nos paramos a comer nuestro almuerzo: unas migas de pan. Luego, continuamos volando casi hasta al final, donde nos paramos a echar un vistazo hacia atrás. Y cuando ya llegamos a la cima, sacamos los bocadillos. Después de comer, algunas moscas se echaron la siesta y otras se entretenían jugando. También había un grupo que jugaba con sus consolas cada cual más moderna, porque aunque no lo creáis, las moscas estamos muy avanzadas en tecnología.
La bajada fue muy entretenida, pues fuimos todo el rato cantando. Cuando llegamos a nuestra especie de casa compartida todos nos tomamos un café para calentarnos. Además jugamos a juegos de mesa. La tarde se paso rápidamente, no nos preocupaba casi nada, pero yo tuve un mal presentimiento:
¡Javierito! ¡Faltaba Javierito!
Inmediatamente di la alerta:
- ¡Atención todos! Me parece que Javierito se ha quedado en la montaña perdido.
- Es verdad. Aquí no está.
Todos salimos a la colina en su búsqueda; abundaban los pinos y por lo tanto se veía poco. Al final casi nos rendimos, pero de repente oímos una voz misteriosa que decía: “Seguid , estáis cerca. No tardaréis mucho en encontrarlo”. Era como un fantasma. Eso nos dio ánimos para seguir adelante más bien con esperanza que con fuerza. Después nos encontramos con muchas abejas, pero nosotros éramos demasiados como para ser vencidos por unas simples abejas asesinas. Además, nos topamos con unos cazadores furtivos.
Y finalmente volvimos a casa. Y ¿A qué no sabéis quien estaba dentro de casa? Pues...¡Javierito!, que nos dio un buen susto. Y luego su madre le echó una bronca muy gorda. Los demás siguieron a lo suyo: vaciar mochilas , ordenar cosas, tirar los basura, etc.

Otro día fuimos a la casa de los Camiseta y vimos que no había ni muebles ni nada. Por un momento pensamos que se habían mudado, y nos dio pena. De repente, la puerta se abrió. Entraron un señor y un chico joven con cara de amable y de buena gente. Pero el problema vino cuando el joven vio la rata que había en un rincón. Llamó al exterminador, que es un señor con cara de malo que desintegraba a todo bicho que se le pusiera por delante. ¡A nosotros también nos iba a desintegrar! ¡Y además estábamos atrapados! Yo me puse muy nervioso aunque Javierito y Danielito no parecían preocupados. De hecho, tenían planeado algo. De repente, hicieron un silbido y aparecieron Mikelito, Carlitos, el otro Javierito de la asociación, Miguelito, Alejandrito, y más moscas.
Entonces, cuando el exterminador oyó el sonido de nuestras alas se dio la vuelta y escapamos. El hombre se dio cuenta de que pasábamos y se quedó confuso al verse rodeado de tanta mosca. Al final todos salimos sanos y salvos de la casa y volvimos a nuestra especie de casa compartida. Allí celebramos una fiesta y Danielito, Mikelito, y Carlitos tocaron una bonita canción con flauta, piano y guitarra que conmovió a todos los espectadores. Luego jugamos al baloncesto hasta muy tarde. Y al final, nos fuimos a la cama con la mayor alegría que habíamos tenido en toda nuestra vida, porque ni los pequeños protestaron.
Y, bueno, por aquí, nada más que contar.
¡Hasta la vista queridos lectores!

Carlos Urzainqui Merino

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Attention!

Anónimo dijo...

Muy bueno, espero leer pronto la tercera parte.
Espero que en lenguaje te pongan muy buena nota, solo por esto, te lo mereces. Tu mas fiel admiradora.